viernes, 19 de abril de 2013

Rene Guenon, la Tradición Primordial y el Islam



Uno de los principales puntos desarrollados por Réne Guénon a lo largo de su monumental obra es el de la existencia histórica de una Tradición Primordial en los inicios de la presente humanidad. Esta Tradición Primordial, según Guenon, habría sido la matriz de donde habrían surgido las distintas “formas tradicionales particulares” que encontramos a lo largo de todo la humanidad.

Utilizando un símil podríamos decir que la Tradición Primordial representa el tronco de un árbol y que las múltiples formas tradicionales particulares representan sus ramas. Estas tradiciones particulares se han desprendido de este tronco primordial para adaptarse a las diferentes circunstancias temporales y espaciales del devenir histórico. 

Si invertimos este símil del árbol las raíces apuntarán hacia lo alto simbolizando la "influencia espiritual" que desciende desde "el cielo" hacia la Tradición Primordial primero y luego por intermedio suyo a las distintas tradiciones sagradas. Esta influencia espiritual debe "conservarse" y "transmitirse" a los largo de todo el devenir humano, he ahí el verdadero sentido etimológico de la palabra Tradición con mayúscula. 

La Tradición Primordial constituye así el "Centro del Mundo", el eje vertical que atraviesa los "estados múltiples del ser" tanto del orden macrocósmico como del microcósimico. Es el Agharta o Shamballa de los tibetanos o el Reino del Preste Juan de los cristianos. 

El criterio de ortodoxia de cada forma tradicional particular, vale decir su legitimidad o autenticidad institucional, se mide en relación al vínculo interno u esotérico que mantengan con la tradición primordial. Es ella las que las nutre con su sabia o influencia espiritual. Existen niveles de graduación al interior de cada tradición sagrada que van desde lo más exterior (exotérico) hasta lo más interior (esotérico).

La adaptación contingente en el devenir histórico es lo que hace que exteriormente todas estas tradiciones presenten una anatomía diferente, pero esta diferencia exterior es solamente formal y accidental pues en el fondo todas son lo mismo y se identifican esotéricamente con la tradición primordial. Cada tradición tiene su propio forma dependiendo la mentalidad del pueblo o raza en la que se haya desarrollado pero en el fondo todas comparten un mismo conocimiento metafísico y simbólico proveniente de la Tradición Primordial. La obra de Rene Guenon es fundamental en ese sentido ya que proporciona las "claves" necesarias para  acceder a la comprensión intelectual (revelación cognitiva) de este núcleo metafísico y principal al interior de todas las tradiciones.     

El estudio de religiones comparadas inaugurado hace ya más de medio siglo por el pensador rumano Mircea Eliade se ha encargado de demostrar la analogía y similitud entre los ritos, simbolos y doctrinas de las diferentes formas tradicionales particulares. No serían pues prestamos externos sino que provendrían de una fuente antigua y primordial común.        

Es importante tener en cuenta que el concepto de Tradición Primordial posee un carácter histórico y que no es producto de la imaginación ni mucho menos de la fantasía. Algo de imaginación posee siempre y cuando no se tome a “la imaginación divina” por fantasía. Al respecto el alquimista Paracelso decía lo siguiente: "a diferencia de la Imaginatio vera, la fantasía (phantasey) es un juego del pensamiento sin fundamento en la Naturaleza; nada más que "la piedra angular de los locos". 

Los sufíes musulmanes han desarrollado una ciencia muy rica alrededor de la potencia trascendente de la imaginación y su función eminentemente cosmológica. El orientalista Henry Corbin se ha encargado de estudiar extensamente este aspecto sutil de la doctrina sufí.   

En este punto Guenon toma prestado de las enseñanzas hindúes la doctrina de los ciclos cósmicos la cual es contraria a la concepción moderna y occidental del tiempo histórico. Mientras que ésta se fundamente en una concepción progresista, evolutiva y lineal-ascendente del tiempo histórico, la concepción tradicional en cambio considera que el tiempo histórico es cícilico (espiroidal y no circular como han planteado algunos filósofos contemporáneos, la tesis del "eterno retorno" planteada por Nietsche y luego por Eliade es errónea) y que se encuentra sujeto a un inevitable decaimiento cualitativo a medida se va desarrollando.

Es decir que la “edad de oro” no se encuentra en un futuro lejano ni cercano como cree la inteligentia moderna sino por el contrario la misma tuvo lugar en los inicios de la humanidad: es el mito del paraíso perdido que podemos encontrar en todas las tradiciones antiguas del planeta.

Este mito pues, así como todos los mitos tradicionales que nos vienen de la antigüedad, no son producto de la fantasía humana sino que constituyen verdades metafísicas y simbólicas que se visten de alegorías personificadas para transmitir la sabiduría a través del tiempo.

Esto se trae abajo, siempre y cuando se adopte este "punto de vista tradicional contemporáneo", las teorías evolucionistas y materialistas que consideran a nuestros primeros antepasados como salvajes primitivos recién "evolucionados" del chimpancé. Según la doctrina ciclica del tiempo y la concepción tradicional de la humanidad nuestros primeros antepasados fueron primitivos en el sentido de primordiales; se encontraban naturalmente en ese "estado primordial" al que las religiones monoteistas semitas llaman el "estado adánico" y por ende eran más sabios que nosotros sus descendientes.. En todo caso el mono degeneró o "involucionó" del hombre pero éste no ha "evolucionado" del mono como pretenden las tesis evolucionistas.  

No poseían pues ninguna mentalidad pre-lógica ni tampoco vivían atrapados en supersticiones, idolatrías ni fetichismos groseros. Recordar que la palabra fetichismo es de origen portugués y significa etimológicamente brujería. La mayoría de poblaciones primitivas que los etnólogos y antropólogos estudian en la actualidad, y que en efecto son primitivas en sentido negativo, es decir regresivas y primarias, no son en realidad nuestros antepasados primordiales de la edad de oro sino más bien como muy claramanente lo han apuntado Guenon, Evola y otros constituyen restos crepúsculares de razas muy pero muy antiguas que se han extraviado en el tiempo. 

La doctrina hindú nos dice que el presente ciclo humano ("manvantara") corresponde al séptimo ciclo de un total de catorce ciclos humanos y que estos catorce ciclos conforman el ciclo de un mundo ("kalpa"). Durante el tránsito de un manvatara a otro varias poblaciones o razas sobreviven a la "turbulencia" pero dada las condiciones adversas terminan extraviándose en el tiempo y por ende degenerando.    

Pues bien a esa edad de oro le sucederán la de plata, la de bronce y la última de todas la de hierro que es en la que nos encontramos actualmente. Estas designaciones son las grecorromanas pero los hindúes tienen las suyas propias: Krita-Yuga o Satya-Yuga, Trêtâ-Yuga, Dwâpara-Yuga y Kali-Yuga. El tiempo no es rectilíneo, es más bien curvo y a medida nos alejamos del centro a-temporal de la edad de oro la sensación de velocidad va aumentando hasta alcanzar niveles verdaderamente caóticos como los que vivimos en la actualidad. Así mismo lo cuantitativo se va imponiendo sobre lo cualitativo, un ejemplo de ello es el culto que hoy en día se le rinde a la democracia y sus estadísticas.    

Es impresionante constatar cómo los hindúes gracias a sus notables conocimientos astronómicos y astrológicos han logrado computar la duración cronológica exacta de cada una de estas Edades. Se puede leer así en los textos hindúes que la duración total de nuestro manvantara es de 64.800 años y que estos se encuentran repartidos de la siguiente manera: Krita yuga = 25.920, Treta Yuga=19.440, Dewapara Yuga=12.960 y Kali Yuga=6.480.

Según los cálculos tradicionales hindúes la fase del Kali Yuga estaría a punto de culminar, lo que significa que estamos próximos a lo que las tradiciones monoteístas llaman el "fin de los tiempos". Este fin de los tiempos o fin del mundo es en realidad el fin de un mundo, a saber, el de la modernidad, que coincide con el fin del presente manvatara. El colapso de este sitema capitalista-economicista-hedonista-democrático-mundialista-occidental-maquinista, en fin de este Nuevo Orden Mundial invertido amparado en lo "políticamente correcto", es pues inminente.

Otro punto importante desarrollado por Rene Guenon es el de los efectos perniciosos de la modernidad. El pensamiento moderno, extendido ahora a un estilo de vida absoluto marcado por lo fugaz y lo intrascendente, este pensamiento moderno constituye en realidad una reacción y un rechazo al pensamiento tradicional metafísico y, por ende, a su estilo de vida marcado por el rito normativo. 

Esencialmente la modernidad es antimetafísica y en vez de apuntar hacia lo alto apunta hacia lo bajo. Su nominalismo, cartesianismo, mecanicismo, sentimentalismo, esteticismo, individualismo, humanismo cientificismo, en fin todo su espíritu de sistema e ideologismo racional e infra-racional, no hacen sino encerrar al hombre en su persona (máscara) mental, en su falsa identidad de Fulano o Mengano alimentando de esta manera su ego psicológico.   

Las facultades cognitivas del hombre moderno se han atrofiado ocasionándole una pérdida de su potencia intuitiva intelectual para comprender los universales. Cree supersticiosamente que lo tangible es lo único real, lo único existente, inventando así una fantasmagórica nada en reemplazo de los universales. Estos universales de la escolástica medieval son los arquetipos o ideas universales de Platon, fuerzas espirituales que pueden ser concebidos únicamente por le intuición intelectual u "ojo de shiva". Es una intuición intelectual supraracional y no infraracional sentimental como la postulada por el filósofo Bergman. 

Pues bien la única manera de luchar contra las fuerzas disolventes de la modernidad, según Guenon, es adoptando un estilo de vida tradicional y contactando con la Tradición Primordial por intermedio de algunas de sus formas tradicionales. Es cierto que hasta las mismas formas tradicionales herederas de la Tradición Primordial se han visto corrompidas por el espíritu de la modernidad, degenerándose y perdiendo por ello su autoridad o legitimidad institucional, pero a pesar de esa corrupción generalizada algunas de ellas aún continúan manteniendo centros iniciáticos activos que la vinculan con la Tradición Primordial, como es el caso del Islam.  

Michel Vaslan, el principal discípulo intelectual de Rene Guenon y quien mejor a sabido continuar con su legado espiritual, nos recuerda la importancia en la obra de Guenon de establecer las diferencias entre las tradiciones puramente metafísicas o intelectuales y las tradiciones de modalidad religiosa. Si la obra de Guenon se centra en dar a conocer esta Tradición Primordial en el seno de cada forma tradicional particular, la obra de Valsan en cambio posee un carácter más islámico y busca corroborar la ortodoxia universal de la Tradición Primordial planteada por Guenon en el tasawuf (esoterismo) islámico.     

Las únicas tres tradiciones religiosas han sido las monoteistas abrahmánicas, a saber, el Judaismo, el Cristianismo y el Islam. El resto son todas puramente metafísicas e intelectuales. Al ser las tres últimas revelaciones de la humanidad eso significa que han aparecido en el momento histórico más avanzado del kali yuga, es decir en el estado de mayor degeneración intelectual de la humanidad, siendo este el motivo que explicaría el por qué su adaptación a dicha circunstancia histórica ha tenido que ser providencialmente de carácter religioso.  

La espiritualidad religiosa, al ser dogmática y teológica, se reviste de un antropomorfismo mitológico con la finalidad expresa de hacer más fácilmente accesible al hombre promedio ciertas verdades impersonales que de otro modo se les escaparían. A este hombre promedio del kali yuga le resulta más fácil comprender las verdades impersonales narradas de un modo alegórico antropomórfico que expuestas directamente a través del símbolo metafísico. 

Por ejemplo conceptos como "Dios personal", "Creación" o "Salvación", todos ellos de índole estrictamente religiosos dado que conciben el Principio Universal de un modo antropomórfico, no tienen razón de ser en las tradiciones puramente intelectuales. En el hinduismo por ejemplo "Brahma" es el "No-ser" (por encima del ser ontológico: el Dios personal de las religiones); en vez del concepto de Creación, el cual asume a un Dios con voluntad humana transpuesta "creando" el mundo cual artesano o Demiurgo, la doctrina hindú en cambio nos habla de "manifestación impersonal y gradual"; y en vez de salvación del alma individual en estados póstumos como el Infierno y el Paraíso los hindúes hablan de Liberación absoluta de la individualidad y por ende de la "Rueda del Samsara"  

Así mismo la espiritualidad religiosa se caracteriza por la preeminencia que tiene en ella el elemento sentimental. La devoción sentimental es el principal medio de acceso que encuentra el hombre religioso para unirse a la Divinidad, en cambio en la espiritualidad metafísica este elemento sentimental se encuentra subordinado al elemento puramente intuitivo-intelectual de la doctrina. 

En el hinduismo por ejemplo se habla de la "vía bakhti" y de la "vía jnaña", la primera representada por el dios Vishnu es el sendero de la devoción y la segunda representado por el dios Shiva es el sendero de la inteligibilidad intuitiva. Vishnu conserva las formas individuales por medio de la devoción y Shiva transforma (o destruye) las formas de la manifestación por medio de la intuición intelectual. La obra de Guenon presenta un carácter claramente shivaíta. Se sabe además que antes de que parta al Cairo recibió la visita de unos hindúes quienes lo iniciaron en el linaje del advaita vedanta que se remonta hasta Shankaracharya. Su conocimiento hindú no fue pues meramente libresco sino que provino de iniciados hindúes quienes que lo contactaron y eligieron para que diese a conocer adecuadamente el conocimiento oriental al mundo moderno occidental. 

Pues bien, René Guenon decidió elegir el Islam como modo de vida y medio tradicional particular para acceder a la esencia de la Tradición Primordial. Recibió el nombre de Abd-al Wahid-Yahya, el servidor de la Verdad. Muchos se han sorprendido al enterarse que Guenon vivió como musulmán los últimos 30 años de su vida. En su vasta obra le dedica al Islam solamente un libro y algunos cuantos artículos mientras que el hinduismo por ejemplo recibe más atención... 

Guenon tuvo siempre una predilección intelectual especial por el hinduismo. Siendo esta tradición la más antigua y próxima a la Tradición Primordial junto con el taoismo ambas contienen elementos primordiales muy significativos. En todo caso como representante legítimo de la Tradición Primordial es lógico que su obra se centre más en Ella que en cualquiera de las formas tradicionales particulares, incluyendo la propia religión que él mismo adoptó.

De las tres tradiciones religiosas el Islam es la que más se acerca a las tradiciones de espiritualidad metafísica. Dado la importancia que en ella tiene el concepto de "unicidad" (tawhid), el sentido de pureza primordial (Fitra) y el papel principal que cumple la inteligencia y el conocimiento, a diferencia del cristianismo por ejemplo que se centra en el Amor, la doctrina islámica posee varios elementos que nos recuerdan al igual que el hinduismo a la Tradición Primordial. Digamos que de todas las tradiciones particulares, por ese carácter escatológico especial que tiene, es la más universalista y la que mejor refleja a la Tradición Primordial. Existen múltiples de hadices (dichos del profeta) que lo confirman. 

Todos somos musulmanes, incluso los que no se han percatado de ello y por ende no lo han reconocido formalmente, pues musulmán es todo aquel/ello que se encuentra sometido a Al-lah, es decir, al Principio Universal de la Manifestación.

Nadie puede escapar al Tiempo ni a la Muerte, estamos atrapados en la vida y en las condiciones formales de la existencia, mañana mismo podemos morir sin que nosotros como individuos pasivos deseosos y voluntariosos podamos hacer nada al respecto, pues en ese sentido "fatalista" (Abdul Hadi habla de un hermoso "fatalismo trascendente") es que estamos sometidos y dependemos de los designios del universo.

Los designios del universo no son gobernados ni por una voluntad universal ni mucho menos por el azar sino más bien por la intelección suprema que es el Principio universal. Pretender que la nada, es decir lo privativo, rige el universo como si fuese algo es de por sí un absurdo que ha podido ser inventado únicamente por la inteliggentia moderna. Es similar a cuando afirman categóricamente que "todo es relativo" y no se percatan que su mismo enunciado es también relativo dando lugar así a lo Absoluto. Todo conduce a lo Absoluto, a la intelección suprema del Principio Universal que no deja nada al azar.    

Pues bien toda la creación se encuentra sometida al Creador o, en términos metafísicos, toda manifestación se encuentra sometida al Principio Universal. En ese sentido todos somos musulmanes, y para "actualizar" esta consciencia musulmana en nosotros debemos recuperar nuestro estado original de pureza (Fitra), nuestra inocencia primordial. Algunos elementos como el agua, el poder de la luna o los misterios insondables de la noche, todos estos elementos femeninos que se encuentran muy presentes en el Islam, son muy significativos también en la cosmovisión musulmana.  

Esta purificación del individuo se consigue mediante trabajos metódicos y supervisados de concentración y amnémesis espiritual (dirkh) que lo que buscan es reintegrar al ser en en el centro de su individualidad integral (dimensión horizontal). Los influjos de la modernidad en cambio apuntan hacia el lado contrario, a saber, hacia la dispersión exterior y por ende hacia la desintegración psíquica del individuo. Para realizar estas prácticas espirituales fundamentadas en la "ciencia del ritmo" es necesario adherirse a una organización u orden iniciática (tariqa) y tomar como guía espiritual su maestro (sheik).         

El hecho de ser la última religión revelada tiene también una razón de ser profunda. El Islam tiene así la misión de recapitular todas las tradiciones anteriores, de ahí que el profeta Muhammad sea llamado "el Sello de la Profecía". Algunos exclusivistas interpretan este carácter del Sello como un abrogación de las tradiciones anteriores al Islam, como la anulación de todas ellas, pero en realidad significa una síntesis de la profecía universal que incluye y no excluye a las anteriores profecías. Es por esta síntesis muhammadiana propia del Sello de la profecía que el Islam, siendo una tradición particular, la última de todas y por ello con una misión escatológica especial para el final de los tiempos, puede reflejar casi a la perfección a la Tradición Primordial. Sin embargo todo esto escapa al horizonte intelectual estrecho del exoterismo religioso.

Por otro lado, su posición geográfica en el "medio Oriente" le permite cumplir con el papel de intermediario entre el Occidente y el Oriente. La obra de Guenon posee también un carácter intermediario entre el Oriente y el Occidente ya que lo que él ha hecho ha sido interpretar correctamente la doctrina tradicional del Oriente adaptándola especialmente a la mentalidad del hombre occidental moderno. El mundo Occidental, y sobre todo la Modernidad y su espíritu anti-tradicional, deben retornar a sus raíces tradicionales; pues la obra de Guenon tiene esa función providencial, a saber, la de sembrar en el Occidente moderno el "germen intelectual" para propiciar su enderezamiento tradicional.  

En fin, he intentado hacer un breve resumen de la comprensión que tengo de la obra del ilustre Rene Guenon, Abd-al Wahid Yahya. Muchísimos puntos se me escapan, sobre todo concernientes a la función escatológica del Islam y a su doctrina esotérica del Sello. Los puntos que he abordado lo he hecho seguramente de una manera muy superficial pero igual he querido hacer este resumen para poner en claro mi ideas.

A cualquiera que lea estas líneas y que desconozca los datos tradicionales le parecerá que toda esta cosmovisión tradicional es simple y llanamente mera ciencia ficción. Atrapados en la "ilusión burguesa de la vida ordinaria" y creyendo supersticiosamente en los postulados de la modernidad no se dan cuenta que lo que es verdaderamente ciencia ficción y muy perniciosa es la cosmovisión moderna desacralizada, narcisista y centrada en el más descarado culto al ego mental. Debemos romper urgentemente con las cadenas del pensamiento "políticamente correcto" de la modernidad y para lograrlo la obra de Abd-al Wahid Yahya como revitalizador y actualizador contemporáneo de las ideas tradicionales resulta fundamental. 

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